Pablo Bernasconi es un gran ilustrador pero detrás de su profesión hay en él un aspecto estético muy particular. Oriundo de Buenos Aires, reside hace 25 años en la ciudad de San Carlos de Bariloche. En esta nota, nos adentramos en su italianidad para descubrir la importancia de su obra.
La forma de heredar la tradición para traducirla en un aspecto estético
Partiendo desde esa gran pregunta sobre la identidad, ¿en qué lugar está presente la italianidad?
Mi familia es franco suiza, una parte italiana y otra suiza. La vinculación que tenemos con las raíces italianas son aspectos que heredan toda una tradición. No sólo tiene que ver con lo cotidiano, con la comida o la forma de ser, sino también con un aspecto estético que se desarrolla en las artes.
Lo veo en la literatura infantil o de adultos, Italo Calvino, veo una influencia en mí mismo. Es un autor canon, hay un espejo en la forma de pensar: en lo imaginario, en la fantasía, en la construcción retorica que el tenía con lo que hacemos los argentinos, en la literatura y en imágenes.
La literatura de inspiración
Entonces, ¿hay autores italianos que forman parte de tu formación literaria y artística?
La italianidad se condice, se ve y se refleja de forma muy rotunda en nuestras obras, en todo el desarrollo de nuestras pasadas presentes y futuras obras, por eso hay una predisposición a la lectura no solo de autores italianos sino europeos. Gianni Rodari ha tenido mucha influencia en toda Latinoamérica. También veo una influencia mía en su obra, en el desparpajo, en la contractura que él vino a romper en su momento.
De Galileo Galilei a Umberto Eco
Entre los autores de la literatura clásica argentina y mundial que desarrollas en tus obras ¿quiénes están presentes y por qué los elegiste?
Me parece que Italia en su acervo científico y en sus aspectos fundacionales de la ciencia, tiene mucho qué contar. El toscano Galileo Galilei en sus momentos rompe con la iglesia a partir del canon centrípeto que tenia respecto a la posición del planeta, poniendo el sol en su lugar. Como todo lo italiano crea ruptura, crea un cambio en la estratificación de las prioridades. Italia siempre estuvo a punta de lanza y generó un nuevo conocimiento del mundo a partir del cual se generaron otras cosas, en las artes como en la ciencia, o la filosofía. Umberto Eco, es otro ejemplo.

Italia como medio para su inspiración
Durante tu estadía en Bologna, en el marco de la Feria del libro infantil que se realizó en aquella ciudad en el año 2018, donde fuiste finalista para la obtención del premio Hans Christian Andersen, también llamado el Pequeño Nobel, ¿qué significa para vos?
El Andersen es el desenlace de una construcción, que coloca la Argentina a instalar autores y proponer el género de la literatura infantil, con sus letras e imágenes. Tiene un aspecto más comunitario y colectivo que se viene gestando para que podamos nosotros mismos vernos como representantes de este país.
Ya en Italia, más allá del premio, ¿pudiste intensificar tu inspiración?, ¿qué aspecto te atrajeron más?
Si, pude afianzar mi inspiración. Visite museos, estuve en Firenze. Pude ver la civilización pasada y cómo se edificó a partir del arte. Para edificar y hacer evolucionar lo estético de la cultura, el intelecto de la gente, había que desarrollar un carácter narrativo y pedagógico. Ese es el aspecto pedagógico que me atrae, donde el arte viene a educar y hacer conocer, sobretodo en Italia.

Sus obras en palabras
¿Cuáles son las características de la obra Imago Mundi? ¿Qué vínculos tiene con Italia? Podrías contarme ¿qué es lo que más impacta en la gente de la muestra?
Fue una muestra que hicimos en la Embajada Argentina en Roma. Había cierto carácter de italianidad, mi trabajo ya de por sí lo tiene. La construcción de la italianidad, y las conexiones que tengo con Italia, radica en la diversidad, en la propia alteración de lo homogéneo, en todas las imágenes, los retratos, las ilustraciones, las construcciones incluso, estilísticas narrativas que hay en mi trabajo. Esa mezcla, ese amontonamiento de caracteres, de frases, de cultura.
Hay una construcción de puntos, de elementos, de items, de conceptos, eso tiene que ver con la italianidad. Es el espacio donde se van sucediendo, solapando y superponiendo capas de sentido, lo italiano incluye ello, y por una cuestión de admisión, de generosidad y hasta de solidaridad, de aceptar al otro y dejarlo entrar.
Una obra hasta el infinito
¿Por qué en tu obra “El infinito” hay muchos objetos atravesados/incrustados en diferentes superficies?
Lo que hago es construir desde el objeto con retórica, tratando de combinar, superponiendo un objeto con otro y con otro y al superponer objetos estoy superponiendo sentidos, los estoy multiplicando. Diría que la palabra superponer en este caso no funciona, porque no es uno más otro, sino uno por otro. Cuando uno ve una sumatoria de objetos los individualiza. En “El Infinito” funciona así, hay una multiplicación de sentidos a partir de la elección y de la selección de objetos muy estudiados para que realmente lleven ese significado.

La perspectiva que otorga la Patagonia
Para finalizar, ¿cuál es tu relación con la ciudad de Bariloche? ¿Qué trabajos estás realizando?
Vivo acá porque me gusta tener contacto muy directo con la naturaleza, con el agua, la montaña, la nieve, yo disfruto mucho y mi familia también. Hay una forma de vivir que yo elegí cuando vine a vivir aquí; me hace entrar en foco con mis propias ideas, me habilita a poder producir de otra forma, pensar de otra forma, en otra sintonía. La Patagonia me otorga otra perspectiva; no me sirve estar en el ojo del huracán, como cuando vivía en Buenos Aires hace 25 años, puedo digerirlas con tiempo, me ayuda a provocar una reflexión de la que necesito estar seguro.
Pablo Bernasconi en redes sociales
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PhotoCredit imagen de portada: Bernardino Avila, Página/12

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